Escuela de Oracion con Benedicto XVI

miércoles, 9 de mayo de 2012

Vivir en la Luz

Texto Completo en Ciudad Redonda, enlace:
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 Nos sentimos llamados a “vivir en la luz”, pero tendemos a abrigar una idea excesivamente romántica de lo que eso habría de significar. Sentimos tendencia a pensar que “vivir en la luz” significa que habría de haber un tipo de resplandor especial en nuestro interior, una luminosidad divina en nuestra conciencia, una alegría soleada y alborozada dentro de nosotros que nos llevara constantemente a querer alabar a Dios, un ambiente de santidad que envolviera nuestra actitud. Pero eso no es real. ¿Qué significa, entonces, “vivir en la luz”?

“Vivir en la luz” quiere decir vivir con honestidad, pura y simple; ser transparente, no tener nada de nosotros escondido a los demás como secreto oscuro.
Todos los programas de conversión y recuperación dignos de tal nombre se basan en llevarnos a este tipo de honestidad. Nos encaminamos hacia la salud espiritual precisamente eliminando nuestros secretos más enfermizos y llevándolos y exponiéndolos a la luz. La sobriedad consiste más en vivir con honestidad y transparencia que en vivir sin un cierto elemento químico (drogas), sin juego de apuestas, sin hábito sexual maligno. Lo que nos causa verdadero daño, a nosotros mismos y a nuestros seres queridos, es el ocultar algo, el mentir, la deshonestidad, el engaño, el resentimiento que guardamos contra los que se interponen entre nosotros y nuestra adicción.


La salud espiritual se fundamenta en la honestidad y en la transparencia, y así vivimos en la luz cuando estamos dispuestos a dejar todas las partes y zonas de nuestra vida abiertas a examen por parte de aquellos que necesitan confiar en nosotros.


He aquí algunos ejemplos de lo que significa “vivir en la luz”:


Vivir en la luz es ser siempre capaces de decir a nuestros seres queridos dónde estamos y qué estamos haciendo.


Vivir en la luz consiste en no tener que estar preocupados si alguien rastrea en nuestro ordenador qué páginas web hemos visitado.


Vivir en la luz es no estar ansioso si algún miembro de la familia encuentra abiertos nuestros archivos digitales.


Vivir en la luz consiste en ser capaces de permitir a los que conviven con nosotros escuchar lo grabado en nuestros teléfonos móviles o celulares, leer nuestros correos electrónicos y saber quién está registrado en nuestro discado o marcado rápido.


Vivir en la luz consiste en tener confesor y ser capaces de abrirnos a él y decirle cuáles son nuestras luchas, sin tener que ocultarle nada.


Vivir en la luz consiste en vivir de tal manera que, para los que nos conocen, nuestra vida sea un libro abierto.
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Blog católico de oraciones y reflexiones pastorales sobre la liturgia dominical. Para compartir y difundir el material brindado. Creemos que Dios regala Amor y Liberación gratuita e incondicionalmente.    

lunes, 7 de mayo de 2012

Las manos de Teresa

Las manos de Teresa

Porque tus manos dibujan mariposas
de azúcar y caricias en este inenraizable
mantel otoñado de septiembre nocturno
frente a las sombras del poniente
puedo evocar tus ojos,
traumaturgos traviesos conjurando
la magia y los arcanos de la sola esperanza.
Nos nace en el diálogo
-con la complicidad de las terrazas-
un libre futuro desde nuestro presente,
limpiamente, como nacen la tarde y tus palabras.
Tanta fe sobre tu piel engendra
arpegios de luz sonora, vivaces
golondrinas de confianza
entorno al poema no escrito,
dormido más allá del silencio y tu albura
:"creo, creo en tu verso herido,
vertical, prodigioso,  perdido,

gaviota varada en la playa o mis manos."

sábado, 5 de mayo de 2012

Alabanza Vespertina


     

He aquí la alabanza vespertina:

Oh María, inmensidad del cielo,
fundamento de la tierra,
profundidad de los mares, luz del sol,
belleza de la luna,
esplendor de las estrellas, del cielo...
Tu seno llevó a Dios,
de cuya majestad el hombre tiene miedo.
Tu regazo contuvo el carbó ardiente,
tus rodillas sostuvieron al león,
cuya mejestad es terrible.
Tus manos tocaron al que es intocable
y el fuego de la divinidad que hay en él.
Tus dedos se asemejan a las tenazas incoandescentes
con las cuales el profeta recibió el carbón
de la oblación celeste.
Tu eres el cesto de este pan de ardiente llama
y el cáliz de este vino.
Oh María, que produces en tu seno
el fruto de la oblación...
te rogamos con insistencia 
que nos guardes del enemigo que nos acecha
y que, como no se divide la medida del agua del vino,
así no nos separemos nosostros de ti y de tu
Hijo,
Cordero de salvación.
                                                        (ANÁFORA ETIÓPICA)
Carlo Carretto, Rezar con María, en Dichosa tú que has creido. Paulinas, Madrid, 1980, pp. 134-135